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Ética y toma de decisiones en el entorno construido

Principios éticos en el entorno construido: construir para la confianza, la sostenibilidad y el impacto generacional

Algunas conversaciones nos recuerdan que la ética no es una disciplina abstracta ni simplemente una cuestión de códigos, políticas o declaraciones. Se vuelve real cuando se toman decisiones, se aceptan compromisos, se asignan recursos, se moldean comunidades y las generaciones futuras heredan las consecuencias de lo que decidimos construir. Ese fue el hilo conductor del webinar del 8 de abril organizado conjuntamente por Online Ethics Center, Project Management Institute y Ethics & Leadership Association sobre principios éticos en el entorno construido.

Edificios, infraestructuras, carreteras, frentes marítimos, sistemas de transporte, espacios públicos y desarrollos urbanos no son productos temporales. Dan forma a la manera en que las personas viven, se desplazan, se reúnen, trabajan, respiran y acceden a recursos. Influyen en salud, equidad, seguridad, movilidad, oportunidad económica, resiliencia ambiental y cohesión social. En ese sentido, el entorno construido es una de las expresiones más visibles del liderazgo convertido en realidad física.

John Michael Lemon, como ingeniero civil y director de proyectos, situó la conversación en la responsabilidad concreta de crear y transformar comunidades. Describió el programa Complete and Green Streets de Cleveland como ejemplo de cómo una decisión de infraestructura puede generar múltiples capas de valor: menos pavimento, más senderos y vías de uso compartido, infraestructura verde, drenaje mejorado, árboles, reducción de islas de calor y mayor movilidad peatonal y ciclista. La cuestión ética no es únicamente si el proyecto cumple las reglas, sino si mejora la vida de la comunidad y utiliza los recursos de manera responsable.

La Dra. Alexia Nalewaik amplió el marco recordando que el entorno construido abarca todo el ciclo de vida de los proyectos de capital: selección estratégica, planificación urbana, diseño, arquitectura, ingeniería y construcción. Cada fase contiene implicaciones éticas: inclusión de partes interesadas, calidad de vida, transparencia, prevención del fraude, riesgos de trata de personas, sostenibilidad, seguridad y consecuencias a largo plazo de decisiones tomadas mucho antes de que comience la construcción.

Rafael Ani, desde la perspectiva del mercado de construcción de PMI, planteó una pregunta especialmente práctica: si tenemos puntos de control para coste, plazo y calidad, ¿deberíamos tener también puntos de control para la ética? Esa pregunta merece permanecer con nosotros. Si la ética solo aparece al final como auditoría, comunicación o justificación retrospectiva, ya es demasiado tarde. Debe integrarse desde el inicio en la gobernanza y el modelo de entrega: selección de proyectos, contratos, participación de partes interesadas, asignación de riesgos, medición de valor y decisiones sobre compromisos.

Desde ELA insistimos precisamente por eso en que el liderazgo ético no puede reducirse al cumplimiento. El cumplimiento pregunta qué podemos o no podemos hacer; la ética plantea una cuestión más profunda: ¿deberíamos hacerlo y bajo qué condiciones podemos hacerlo responsablemente? El Modelo de Integridad ayuda a estructurar esa reflexión mediante cuatro preguntas: ¿podemos hacerlo?, en términos de capacidad y recursos; ¿se nos permite hacerlo?, en términos legales; ¿deberíamos hacerlo según las normas éticas de nuestra profesión y comunidad?; y finalmente, ¿creemos realmente que es correcto?, la pregunta de los valores.

En el entorno construido, las consecuencias suelen sobrevivir a quienes tomaron la decisión. La conversación sobre la ribera de Cleveland lo mostró con claridad. La ciudad ha estado históricamente marcada por usos industriales que limitaban el acceso público al río Cuyahoga y al lago Erie. Los actuales proyectos de estabilización y desarrollo no son solo intervenciones técnicas o económicas; ofrecen la oportunidad de reconectar a las personas con el espacio público, proteger infraestructuras críticas y fomentar desarrollo sin borrar la historia y las necesidades de las comunidades existentes.

La participación pública debe producirse pronto y de manera significativa. Un proceso puede cumplir formalmente todas las obligaciones y, aun así, perder a la comunidad: puede celebrar la reunión y no escuchar el mensaje, recoger comentarios sin permitir que modifiquen el resultado. El compromiso ético exige escuchar antes de que las decisiones estén cerradas, entender la historia ya presente en el lugar y preguntar no solo qué podemos construir, sino de qué realidad pasará a formar parte el proyecto.

La confianza es fundamental porque estos proyectos pueden afectar la vida de las personas durante cincuenta, cien o doscientos años. Una mala decisión no es solo un error de corto plazo: un sitio contaminado, un desarrollo inaccesible, un espacio público excluyente, una infraestructura que ignora el uso futuro de energía o un análisis coste-beneficio que hace casi invisibles los beneficios de las generaciones futuras son decisiones éticas. La Dra. Nalewaik recordó que incluso una hoja de cálculo aparentemente técnica encierra supuestos éticos: qué costes incluimos, qué beneficios monetizamos, qué horizonte temporal elegimos y qué tasa de descuento aplicamos.

También surgió la diferencia entre éxito de proyecto y éxito de programa. Un proyecto puede estar retrasado o superar el presupuesto y, sin embargo, generar un valor extraordinario a largo plazo; también puede cumplir perfectamente sus restricciones inmediatas y fracasar desde una perspectiva estratégica, social o económica. La Ópera de Sídney y Concorde ilustran bien esa diferencia. El entorno construido rara vez trata de proyectos aislados: trata de sistemas, programas, carteras, interdependencias y consecuencias.

Por eso el liderazgo ético requiere pensamiento sistémico y mejores mecanismos de contratación y gobernanza. Los modelos colaborativos pueden crear transparencia, riesgo compartido, enfoques open-book y mayor alineación. El ejemplo de Heathrow Terminal 5 mostró cómo un diseño contractual diferente puede cambiar el comportamiento del sistema. La ética no es solo cuestión de carácter individual; también es cuestión de diseño institucional. Si el sistema recompensa ocultar, las personas ocultarán; si recompensa colaboración, transparencia y responsabilidad compartida, aumenta la probabilidad de que esos comportamientos aparezcan.

La educación es igualmente esencial. Los futuros ingenieros, arquitectos, planificadores y desarrolladores necesitan practicar la toma de decisiones éticas mediante casos, simulaciones y situaciones reales. No basta con conocer un código: hay que saber qué hacer cuando ese código se pone a prueba, cómo identificar aliados, cómo plantear una preocupación y cómo reconocer el momento en que una decisión exige valentía personal. El principio de la American Society of Civil Engineers de proteger primero la salud, seguridad y bienestar del público resume algo fundamental: el entorno construido existe, finalmente, para las personas.

Las ciudades, sistemas e infraestructuras que construimos hoy serán la vida cotidiana de otras personas mañana. Por eso la ética en el entorno construido no puede añadirse después: debe formar parte de la construcción desde el principio.

 
 
 

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